El seguro, palanca de crecimiento desde la Edad Media

El sector asegurador ha constituido un verdadero motor para la economía española durante las últimas décadas, aunque su contribución a impulsar la actividad del país ha sido importante desde la Edad Media, con etapas más o menos estables o fluctuantes.

Prueba de la importancia alcanzada son las últimas cifras, que muestran unos ingresos de las compañías de seguros de 63.827 millones de euros en 2016 por la venta de pólizas, un 12,24% más que el año anterior. De ellos, 32.703 millones corresponden al ramo de no vida y 31.124 millones al de vida, según los datos recabados por Investigación Cooperativa de Entidades Aseguradoras (ICEA). Pero antes de llegar a este escenario, el sector ha recorrido un largo camino.

El primer sistema de aseguramiento que conocemos documentalmente es el seguro marítimo, que aparece en Europa durante la Edad Media, según recoge el libro Historia del seguro en España, editado por la Fundación Mapfre y elaborado por un equipo de investigadores encabezado por Gabriel Tortella. Se trata de una forma de seguro privado, de carácter capitalista y motivado por el afán de lucro de los aseguradores. Los primeros documentos que se conservan desvelan que este seguro marítimo empezó a practicarse en varias ciudades mediterráneas que comerciaban entre sí, especialmente italianas y españolas, en la segunda mitad del siglo XIV.

Tras unos inicios brillantes, gracias al comercio mediterráneo y más tarde con las rutas comerciales del Imperio español a Las Indias, sufrió un eclipse casi total en los siglos XVII y XVIII, y una lentísima recuperación en el siglo XIX, apuntan los autores de la obra. “Desde comienzos del siglo pasado, cuando se situaba en los últimos puestos de Europa, ha experimentado una firme recuperación y hoy es un sector que se codea con la industria aseguradora de las grandes naciones y que contribuye de manera decidida al crecimiento y desarrollo económico de España”.

Cambios constantes

El sector asegurador ha evolucionado a la par que la economía y la sociedad. Y, como señaló la presidenta de la patronal Unespa, Pilar González de Frutos -en el Foro de Alta Dirección Aseguradora, celebrado en el marco de la Semana del Seguro 2017-, “el mundo, cuando menos desde hace unos 300 o 400 años, no ha hecho otra cosa que cambiar”. Por eso, el sector asegurador ha tenido que cambiar muchas veces y cambiar mucho.

Por ejemplo, en el reto de la previsión y las pensiones, hay que recordar “que la desviación de la longevidad es un fenómeno que tiene unos 200 años de historia en las sociedades avanzadas; y que si para muchos sistemas de seguridad social es ahora, en el siglo XXI, cuando se enfrentan por vez primera al reto de la longevidad, el seguro de vida lleva ya siglo y medio adaptándose“.

También fue una revolución para los sistemas de seguro el hecho de que, hace algunas décadas, los consumidores evolucionasen en sus demandas desde un principio meramente indemnizatorio hasta la expectativa de que el asegurador les proveyese el servicio requerido, fuese éste la reparación del automóvil, una consulta médica o cualquier otro.

“El seguro, que en ese momento se basaba sobre todo en la indemnización (en el pago de prestaciones monetarias) evolucionó hacia la prestación de servicios, hasta ser capaz de construir y sostener la mayor plataforma de resolución de problemas que tienen muchas economías. En España, sin ir más lejos, es capaz de resolver 52 millones de problemas cada año”.

Entre los momentos decisivos del sector asegurador español destaca la modernización de la economía de mercado a partir de la revolución liberal, con la presencia de sociedades anónimas, la llegada de empresas extranjeras y la progresiva unión de la actividad seguradora con los bancos. De entonces proceden compañías como La Unión y El Fénix, Catalana Occidente o Banco Vitalicio Español.

El mercado madrileño se había visto animado con la creación en 1864 de El Fénix Español, que sirvió como base en 1879 a La Unión y El Fénix Español, el líder del mercado nacional durante casi todo el siglo XX, como se relata en Historia del seguro en España. Y algo similar ocurrió en Barcelona con el Banco Vitalicio de Cataluña, fundado en 1881 para atender el novedoso ramo de vida. En 1897, su fusión con otra entidad local de vida denominada La Previsión (fundada en 1880) posicionó inmejorablemente al Vitalicio para ocupar un lugar señero en la historia del seguro español.

Ya en el siglo pasado, otro momento decisivo fue la adhesión de España a la Comunidad Económica Europea. Así, a partir de 1986 se produce el gran despegue del seguro español, en el que las primas pasaron de representar el 2% del PIB a alcanzar el 5,5% en 2012, con porcentajes incluso superiores en algunos años previos a la actual crisis económica. La clave de ese arranque, según explican los autores de Historia del seguro en España, fue “un nuevo marco legal que eliminó el rígido intervencionismo anterior, especialmente con la supresión de la aprobación previa de las pólizas, e hizo posible la profunda transformación que ha experimentado el sector en estas tres últimas décadas”.

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Concentración y saneamiento

El progreso económico que ha vivido España en la mayor parte de ese periodo ha sido fundamental, así como el esfuerzo realizado por el propio sector y sus directivos, “que en estos años han llevado a cabo un profundo proceso de concentración y saneamiento sin requerir de ninguna ayuda pública”. En esta etapa, la industria aseguradora española ha vivido un incremento significativo de la competencia, con la llegada de grandes multinacionales, y ha desarrollado “instrumentos e instituciones que han permitido ofrecer un alto nivel de calidad y servicio a los asegurados”.

Estos esfuerzos han tenido resultados positivos, con crecimientos sostenidos en todas las especialidades. En 2016 la facturación del ramo de no vida aumentó un 4,49% sobre el ejercicio anterior, según ICEA, con una mejora en todas las líneas de negocio, sobre todo en las pólizas de automóviles. Los seguros de motor incrementaron su aportación un 5,11% hasta los 10.565 millones de euros.

El ramo de salud y la partida de seguros denominada “resto no vida” -que engloba las pólizas más ligadas a la actividad económica- tuvieron, igualmente, un desempeño destacado. Los seguros sanitarios aumentaron su facturación en otro 5,07%, hasta los 7.734 millones de euros; mientras que la categoría “resto no vida” incrementó sus ingresos un 4,32%, hasta los 7.637 millones. Los seguros de multirriesgos ingresaron, por su parte, un 3,09% más por la venta de pólizas, hasta los 6.767 millones. Bajo este término se incluyen las pólizas de hogar, comunidades de vecinos, comercios e industrias.

Por su parte, el ahorro gestionado en productos de seguro de vida, medido a través de las provisiones técnicas, alcanzó los 177.735 millones de euros en el año. Este importe supone un incremento interanual del 5,98%. Para que el sector continúe creciendo, en el futuro tendrá que seguir adaptándose a los cambios, entre ellos a los tecnológicos.

Un reciente estudio de la consultora KPMG, basado en una encuesta a 280 directivos del sector asegurador de 20 países (incluida España), constata que “la innovación ha creado retos significativos para las compañías de seguros”. El 48% afirma que sus organizaciones ya están experimentando dificultades provocadas por nuevos competidores que se han adelantado a la implementación de planes innovadores. Y cuatro de cada 10 afirman que el aumento de la competencia procedente de sus competidores actuales daría lugar a retos significativos en los próximos dos años.

Además, según Pilar González de Frutos, en el futuro va a cambiar el catálogo de necesidades frente al riesgo que tienen los clientes. “Algunos riesgos se reducirán en entornos digitalizados y más tecnificados, y otros, muy al contrario, serán mayores”. Aparecerán “nuevos riesgos y nuevas formas del riesgo antiguo, que será necesario conocer y medir, pues sin conocimiento y medición no hay seguro”. Y, por otra parte, “cambiará el modo en que las personas que nos necesitan conciben el hecho de acercarse a nosotros y adquirir las protecciones que ofrecemos”.

Estos cambios van a dibujar un nuevo universo de relaciones, más inmediato y en el que el consumidor va a tener grandes facilidades para el conocimiento, la comparación y la búsqueda. “Al tiempo, para nosotros, los comercializadores, la interacción digital de nuestros consumidores también abre enormes posibilidades a la hora de conocer al cliente y ganar en capacidad de anticipación frente a sus deseos y necesidades”.

Pocos dudan de que la creación de nuevas soluciones y el asesoramiento al cliente serán los factores clave para el desarrollo del sector asegurador del futuro. Grandes retos, pero en el fondo no tan distintos de los que ya afrontaron con éxito las compañías que operaban hace 100 años.

Como señala un experto, no es casualidad que las aseguradoras se encuentren entre las entidades más longevas del panorama empresarial de cualquier país desarrollado.

Vía: El Economista



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